Más de 20 años en el mundo de las decisiones profesionales.
He ocupado roles muy distintos dentro de empresa (negocio, producto, operaciones, people) y eso me ha dado una visión del sistema que no se consigue desde un solo rol.
Hoy sigo colaborando con organizaciones y con profesionales individuales, lo que me permite seguir viendo cómo se toman esas decisiones desde ambos lados.
Participo en reuniones donde se deciden promociones, cambios de rol y salidas. He visto personas muy capaces quedarse fuera, no por falta de talento, sino por cómo se estaban posicionando o decidiendo.
Estas decisiones tienen mucho contexto que no se ve desde dentro: el momento, las dinámicas, la posición desde la que cada persona se mueve.
Lo que no aparece en el CV es que durante todo ese tiempo, yo también estaba haciendo exactamente lo que describe a las personas que hoy llegan a mí.
Encontrarme.
Durante años hice lo que sabía hacer bien: cumplir.
Asumía más de lo que tocaba, y resolvía lo que hiciera falta.
Mi carrera avanzaba. Yo avanzaba.
O eso parecía, porque en mi interior había algo difícil de explicar. Una incomodidad constante, una sensación de que todo iba bien… pero no estaba realmente eligiendo.
¿Era esto lo que quería?
En una sesión grupal durante mi formación como coach, mientras explicaba que no me sentía suficientemente reconocida en mi trabajo, me hicieron esta pregunta:
“¿Qué necesitas para creértelo?”
Me quedé en blanco.
Recibía buen feedback y confianza externa en mi trabajo, pero el bloqueo estaba dentro: faltaba mi propia validación.
Ese momento cambió mi forma de moverme profesionalmente.
Ahí me di cuenta de algo muy incómodo: nadie iba a validarme lo que yo no me validara primero.
Hasta entonces operaba intentando demostrar. Hacerlo mejor, estar más preparada, ser impecable.
Me reconocían los logros, pero nunca era suficiente.
No fue un cambio limpio ni espectacular.
Me llevó meses empezar a decidir desde mí, no desde la expectativa de otros. Aceptar que no iba a contentar a todos. Avanzar sin sentir que debía justificar cada paso.
Dejé de esperar permiso y empecé a tomar decisiones que en ese momento no tenían garantía. Solo criterio propio.
Y para lograrlo tuve que llegar a mi versión antes del ruido.
A esa versión de mi que existía antes de que el mundo te fuera moldeando a base de lo que era "lo correcto", a mi niña interior.
No en el sentido poético, sino en el sentido real: esa versión de ti que existía antes de que el mundo te fuera moldeando a base de lo que era "lo correcto".
Cuando te sientas a revisar tu historia profesional de verdad, los pasos, las decisiones, los momentos que marcaron, casi siempre aparecen ecos de la infancia.
Cosas que amabas.
Intereses que dejaste ir.
Una forma de ver el mundo que sigue ahí, intacta.
Lo que aparece suele ser información muy útil.
Ahí empieza a aparecer claridad, coherencia y dirección sobre lo que tiene sentido construir a partir de ahora.
No es solo lo que decides. Es desde dónde decides.
Porque cuando cambia ese lugar, cambia todo: lo que toleras, lo que aceptas y lo que decides hacer con tu carrera.
Con el tiempo empecé a reconocer ese mismo patrón en muchas de las personas que llegaban a mí.
Son profesionales con experiencia. Han construido una trayectoria. Han sostenido proyectos, equipos, resultados y expectativas. Pero algo por dentro ya no encaja, y están atascadas en ese runrún interno.
No están perdidas, están saturadas de darse vueltas.
No les falta capacidad. Lo que ocurre es que están intentando decidir mientras siguen demostrando, agotadas. Ese es el punto en el que empieza mi trabajo.
"Sentí alivio al saber que no estaba sola y que iba por buen camino. Marcó un antes y un después." — C.G.
Mi papel es crear el espacio donde puedas pensar con claridad y tomar una decisión que puedas sostener en el tiempo.
No empujo cambios rápidos. No tomo decisiones ni diseño tu carrera por ti.
No siempre la conclusión es cambiar de trabajo o reinventarte. A veces es negociar, a veces es redefinir tu posición, a veces es quedarte pero desde otro lugar.
No creo en fórmulas universales. Tampoco en que todo se resuelve pensando diferente sin actuar diferente, ni en que reinventarse constantemente sea señal de madurez profesional.
Dependiendo de dónde estés, trabajamos de forma distinta:
Para profesionales
Si sientes que algo ya no encaja aunque todo esté bien en el papel, el proceso se llama Focus & Flow.
3 meses para entender qué está ocurriendo realmente en tu situación profesional y definir el siguiente paso desde tu criterio.
Sin ruido. Sin cambiar por cambiar.
Para empresas
Si quieres mejorar cómo se toman las decisiones de desarrollo profesional en tu empresa (marcos de carrera, promociones, transiciones de rol, fidelización de talento) podemos colaborar con una mirada estratégica y conocimiento real de cómo funcionan las organizaciones por dentro.